¿Buscar el sitio adecuado o esperar a que te encuentre?
- César Bellido López
- 3 may 2024
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 31 may 2024

Fue a mis 33 años cuando recién, luego de tantas idas y vueltas, pude hilvanar algunas ideas respecto a qué hacer con todo lo que había acumulado como experiencia y estudios hasta ese momento. ¿Qué podría hacer? Veamos. Músico frustrado, aunque poeta por convicción, apasionado por la ciencia y la tecnología, pero sin ser “tecnosexual”, callado, fascinado por las letras, los planetas, los dinosaurios y la historia, con subidas y bajadas -más de las que recuerde-, irritable, con un sentido del humor algo atípico, inconstante y aburrido de las rutinas, no sé si algo distraído mas sí inquieto, torpemente ingenioso “hasta el mango”, ¡bueno! neurodivergente, a fin de cuentas.
¿Qué podría hacer? Mmm ¿Qué? Rondaba por mi cabeza tantas veces la misma pregunta. Mis padres me habían enseñado de sacrificio, de lealtad, de honestidad, de que el trabajo y el dar todo de uno mismo siempre tendría recompensa. De hecho, fueron los mejores ejemplos de ello mas, nunca lo supe asimilar. Intentaba una y otra vez, y una y otra vez, fallaba. Era como si llegara a la cima y de pronto: ¡pum! En caída libre. No encontraba aún lo que quería y fantaseaba con mis frustraciones. ¿Y si me hubiera dedicado a…? ¿Si hubiera hecho “lo que realmente quería”? Eran otros tiempos, definitivamente. Debo reconocer que le di algunas vueltas al asunto, pero la objetividad terminó ganando esta vez. Mi vida familiar no era algo muy equilibrada que digamos y ya apremiaba la necesidad. No estaba solo en esta oportunidad. Recientes nuevas vidas me acompañaban, así que me sentía con poco derecho para demorarme en tomar lo primero que encontrara y menos aún, para elegir.
Necesitaba trabajar, así que lista en mano, me eché a revisar todas -es un decir- y cada una de las herramientas con las que contaba (virtudes y defectos, le dicen) y ponderar qué de todo ello se acomodaba a lo que el mercado solicitaba y, claro, a mí. Tenía que mitigar la probabilidad de un nuevo fracaso. Era el inicio del camino.
Hasta este punto, si eres de los que estás convencido de que gustas del mundo corporativo, pues bien. Si eres de los que prefieren la seguridad de saber cuánto recibirás a fin de mes, pues bien. Ciertamente, si eres de los que no te apetece “probar por tu propia piel” y sentirte libre de hacer “lo que te salga del forro”, entonces lo que sigue bien te podrá servir ¿Vale? Ojo, no es para todos y ni todo está cubierto, pero bien hubiera querido tener algo “masticado” que me sirva de referencia. Recuerda, son otros tiempos, otros escenarios y -ahora mismo ya- no reniego de ello.
Veamos, la decisión de buscar activamente un empleo o esperar a que surja la oportunidad adecuada puede depender de múltiples y variados factores, incluyendo las circunstancias personales, el sector y las metas profesionales.
En todo caso, algunos puntos a considerar, en caso hayas decidido o decidas buscar activamente un empleo, pueden ser:
Proactividad: ser proactivo en la búsqueda puede abrir más puertas y mostrar a los empleadores que estás comprometido y entusiasmado por trabajar. Y, eso, se nota a leguas.
Contactos: utilizar tu red de contactos puede ser una estrategia efectiva, ya que muchas veces las oportunidades laborales se encuentran a través de recomendaciones. Más aún, así recuerdo haber conseguido mi primera oportunidad en una empresa “formal”.
Flexibilidad: estar abierto a diferentes tipos de trabajos o sectores puede aumentar las posibilidades de encontrar un empleo.
Ahora bien, ciertamente tendrás que estar preparado para:
El rechazo: a mayor cantidad de opciones mayor el riesgo de enfrentar rechazos, y ello puede ser desalentador.
La presión: la búsqueda activa puede generar presión y estrés, sobre todo si ésta se prolonga durante mucho tiempo.
El compromiso ciego: siendo que podrías sentirte tentado a aceptar una oferta que no es ideal simplemente por el deseo de asegurar un empleo.
El desgaste: este proceso puede ser agotador, tanto mental, emocional como físicamente.
Por otro lado, en caso hayas decidido o decidas esperar a que surja la oportunidad adecuada, puedo señalarte algunos puntos para no obviar:
Enfócate: ten muy claro qué tipo de trabajo deseas y qué habilidades y experiencia puedes aportar. Define tus valores. Define lo que es importante para ti en un trabajo.
Amplía tu red: asiste a eventos del sector que tengas definido, conéctate con personas en línea o únete a asociaciones profesionales.
Optimiza el tiempo: aprovecha para sumar nuevas habilidades o mejorar las que ya tienes. Suma competencias. Toma cursos en línea, asiste a talleres o participa en proyectos de manera voluntaria.
Y, de manera análoga al caso anterior, muy probablemente tendrás que prepararte para enfrentar los siguientes escenarios:
La incertidumbre: porque es lógico, no hay garantía de que el "sitio adecuado" vaya a encontrarte.
Las oportunidades perdidas: por simple inspección, debes convencerte de que podrías perder oportunidades que no llegaron directamente a ti.
Percepción negativa: algunos empleadores pueden ver negativamente un largo período de inactividad en tu CV. Algunos, claro.
Desactualización: ojo, si esperas demasiado, tus habilidades y competencias rondarán la obsolescencia.
Visto ello, seamos traviesos y saquémosle la vuelta al título del artículo ¿Cómo así? Es decir, si bien resulta importante considerar lo anterior conforme a tu preferencia versus tu situación personal para tomar la mejor decisión, un enfoque equilibrado podría combinar los beneficios de buscar activamente y esperar la oportunidad adecuada. ¡Interesante! ¿No? Te presento una estrategia intermedia:
Establece objetivos claros: definiendo qué tipo de trabajo estás buscando y qué estás dispuesto a aceptar.
Sé selectivo: no extremadamente, claro. Aplica solo a las ofertas que realmente te interesan y se alinean con tus objetivos.
Desarróllate personalmente: mientras buscas, invierte tiempo en mejorar tus habilidades y conocimientos. Hoy hay múltiples fuentes. Aprovecha el tiempo.
Mantén activa tu red de contactos: pero sin la presión de buscar empleo de manera agresiva.
Siempre listo: y es que, si surge una oportunidad interesante, debes estar y sentirte listo para explorarla.
Equilibro financiero: el dinero es importante, ni lo dudo, pero hay cosas que el dinero no consigue. Si el sueldo no es suficiente, es circunstancial. Negocia. Quizás haya cursos, promociones, capacitaciones, y otros tantos beneficios que si los valorizas puede que sumen más que el propio sueldo.
En todo caso, este enfoque te permite estar en control de tu búsqueda de empleo sin la presión de tener que aceptar la primera oferta que aparezca, y al mismo tiempo, no cierras la puerta a las oportunidades que puedan encontrarte. Es un balance entre ser proactivo y estar receptivo a lo que el mercado laboral tiene para ofrecer.
¿César, y emprender? ¿No sería esa una cuarta estrategia? Bueno, ya lo había resaltado al comienzo: si eres de los que no te apetece “probar por tu propia piel”. En todo caso, lo dejo para otro artículo ¿Sí? Alguna experiencia también sumo. ¡Y vaya experiencia!
Finalmente, no confundas tu valor para afrontar el futuro -o enfrentar los riesgos o la incertidumbre misma- con tu capacidad para conseguir trabajo o no. El pasado, ya fue. El futuro no está. Están tus ganas y tu esfuerzo, está tu puro gusto -por ejemplo-, está tu necesidad. Tu situación actual pega en tu autoestima. Eso no lo dudo así no te hayas dado cuenta. Lo hará para bien o para mal. Así que, da lo mejor de ti en cada oportunidad. El dar lo mejor de ti, es la mejor opción. Siempre. Pero ojo al detalle, eso tampoco significará que lo mejor de ti es la mejor opción para la otra parte. ¿Vale?
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