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Jefatura: Más allá del traje o la corbata

Foto de Lukas en https://www.pexels.com

En el artículo ¿Estoy liderando?: Liderazgo... ¡una vez más!, el cual publiqué hace tan solo unos meses, presenté algunos aspectos que considero clave para liderar. Ciertamente, de las primeras cosas que se me vino a la mente mientras lo escribía, fue un hecho que me llamó verdaderamente la atención. Y, cito. Era el año 2015 aproximadamente, y participaba de una conferencia con una temática referida a la gestión. Sinceramente, no recuerdo el nombre de la conferencia, pero sí tengo vívidos los ejemplos y, sobre todo, una intervención en particular. Ante la pregunta planteada por el conferencista al público respecto a qué podría ser valioso para un líder o qué lo diferencia de un jefe, mi respuesta, bastante apasionada, por cierto, fue: “¡trascender!”. Quizás hablaba por mí. De hecho, de mis sueños, y mi meta, es uno de los que más me inspira, por cierto. En todo caso, la respuesta final ante las distintas intervenciones fue algo que me marcó y me animó a explorar un poco más. A la letra, la respuesta fue: “No. No hay nada que los diferencie. Un líder, un jefe, es lo mismo”. Y ahí quedó.


Aunque, bien debo reconocer, y no por el simple hecho de darle la diestra o justificar su respuesta, que alguna vez he estado en situaciones similares y que, por cuestiones de tiempo, a veces uno no se puede explayar con la respuesta y el ser asertivo no es una cualidad que todo el tiempo la tengas “a flor de piel”. 


Muy pocos años después, y con mayor suficiencia, pude determinar que si bien es cierto podría ser lo mismo, hay “sutilezas extremadamente evidentes” que podrían traer abajo dicha afirmación o tachar la -a veces sarcástica- frase: “ahí viene el jefe”.


Sin perjuicio de que en el posterior artículo me vaya a centrar en esas “sutilezas” o que pueda formular que, como casi en todo, dependerá del ángulo desde el cual se mire, quiero plantearte mi posición respecto a lo que bien puede implicar una jefatura. De hecho, inicio con, y descarto de antemano, lo que suele ser más evidente: la apariencia. Esto es, la jefatura -sin lugar a dudas- va más allá del traje o la corbata. En definitiva, requiere de habilidades y cualidades que combinen enfoques estratégicos, tácticos, organizativos, interpersonales y de resolución de problemas para guiar al equipo de trabajo hacia el éxito.


Ciertamente, para determinar si una persona es adecuada para la jefatura de un equipo de trabajo en cualquier organización, independientemente de la industria, el tamaño del equipo o la cantidad de personas a cargo, se requiere constatar una serie de variables y criterios que, conforme se presenten los escenarios, podrían ser cruciales y determinantes para la consecución y el logro del objetivo u objetivos del negocio. Al respecto, resaltaré -a manera de resumen- algunos de ellos:


1. Habilidades de liderazgo: un jefe -eficaz- debe poseer habilidades sólidas de liderazgo para dirigir y guiar a su equipo hacia el logro de los objetivos organizacionales. Esto implica la capacidad de -genuinamente- inspirar, motivar y capacitar a los miembros del equipo para que den lo mejor de sí mismos. No se trata solo de vociferar “vivas”, hacer “porras”, o aplaudir.

2. Comunicación efectiva: la capacidad de comunicarse de manera clara, concisa y persuasiva es fundamental para un jefe. Cuando tienes la capacidad, la tienes y punto. Que tendrás “la madera”, “la pasta”, bien. De hecho, podrás pulir la capacidad. Mas recuerda, que esto no solo implica “transmitir información” de manera efectiva, sino también escuchar activamente a los miembros del equipo y fomentar una comunicación abierta y transparente.

3. Capacidad para tomar decisiones: un buen jefe debe ser capaz de tomar decisiones difíciles y estratégicas de manera oportuna y basada en datos. Hay que evaluar adecuadamente las opciones, considerar las implicaciones y, así cueste o así duela, tomar medidas decisivas para avanzar. Aquí es: o blanco o negro, y rápido.

4. Gestión del tiempo y prioridades: un jefe exitoso sabe cómo gestionar eficazmente su tiempo y establecer prioridades para sí mismo y para su equipo. A consideración de lo anterior, sabe discernir entre lo importante y lo urgente.

5. Capacidad para resolver problemas: un jefe efectivo debe ser un solucionador de problemas hábil, muy hábil, capaz de identificar, analizar y resolver problemas de manera efectiva para mantener el progreso y la eficacia del equipo sin perder el rumbo.

6. Liderazgo a través del ejemplo: un jefe íntegro no solo dirige con palabras, sino también con acciones. Es un modelo a seguir para el equipo, en términos de ética laboral y compromiso con la excelencia en todo momento.

7. Empatía y habilidades interpersonales: un jefe debe ser capaz de entender y responder a las necesidades, preocupaciones y emociones de los miembros del equipo de trabajo. Ojo, no detenerse en ellas. Ciertamente, esto es crucial para construir relaciones sólidas, mantener una buena base y fomentar un ambiente de trabajo positivo y colaborativo.

8. Resolución de conflictos: la capacidad de manejar conflictos de manera efectiva es esencial para un jefe. Un buen jefe debe ser capaz de identificar las causas subyacentes del conflicto, facilitar la resolución de manera constructiva y promover la reconciliación y el entendimiento mutuo dentro del equipo. Siempre ponderando lo profesional y no anteponiendo las percepciones personales.


Y, finalmente:


9. Visión estratégica: un buen jefe, sin lugar a dudas, tiene una visión clara del futuro y sabe cómo alinear los esfuerzos del equipo con los objetivos organizacionales a largo plazo. Aquí, especial atención con la comunicación efectiva.


De manera general, conforme he ganado en conocimientos y experiencia, podría sumar otros aspectos que estén referidos, por ejemplo, con la inteligencia emocional, la retroalimentación constructiva y el ofrecer oportunidades de crecimiento y desarrollo profesional, mas siento que puedo generar con ello mayores divergencias por temas de afinidad metodológica y enfoque y, ello, en este punto, aplomaría más de lo que pretendo aligerar.


En resumen, y ¡vamos!, para graficar, un jefe o jefa se distingue por cualidades que van más allá de lo superficial. Si bien hay aspectos que pueden reflejar la profesionalidad o el estilo personal, bajo ningún escenario éstos pueden definir su capacidad para liderar y dirigir. “Entre sumas y restas”, lo que realmente importa es todo aquello que mencioné. Es lo que hace la diferencia entre el “estar” en la posición de jefe y el “ser” un jefe. O, lo que resultaría, de manera análoga, la diferencia entre un jefe o jefa mediocre y uno excepcional.

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