La poco tormentosa “Tormenta de Ideas”
- César Bellido López
- 1 mar 2024
- 4 Min. de lectura

La primera vez que usé esta herramienta y, casi, sin saberlo fue por el año 1994 en una empresa que, a la fecha, ya no está activa. De hecho, fue la primera vez en la cual participaba como parte de un equipo de trabajo. Hacía mis “pininos” como analista programador, contratado como “practicante” pagando, lo que en términos coloquiales en Perú (y en otros países de América Latina) llamamos, “derecho de piso”.
Ahora bien, referencio esa fecha porque puede que la haya “usado” antes, aunque a consideración de lo que formalmente se debe entender de dicha herramienta es seguro que más bien la haya “utilizado”. Bastante deformada, por cierto. Es decir, mal.
En todo caso, si planteo el escenario de aquella primera vez, pues debo decir que, a consideración de los resultados, fue muy productiva. Éramos el equipo completo de programadores, unos seis integrantes incluido nuestro jefe. Estaba en mis veintes, una edad muy similar a la del resto de mis compañeros, y muy trabados en unas líneas de código que “no daban ni para adelante ni para atrás”. Realizamos la depuración (debugging) respectiva y al darnos cuenta del error, pues decidimos aplicar alguna “recursividad” hasta poder encontrar la solución definitiva. Ideas más, ideas menos, quizás cinco en promedio por cada uno, pizarra llena.
Ahora bien, la última vez fue en el año 2017 como parte del desarrollo de un trabajo para el curso de Innovación y Design Thinking de mi Maestría en Administración de Empresas. Junto con mis entrañables compañeros del grupo de maestría, ya no tan jóvenes, la verdad fue una experiencia -además de eficiente- muy pero muy buena. Tan solo para graficarlo, estoy convencido de que gracias a dicha sesión sacamos considerable ventaja al resto de grupos, lo que nos permitió obtener la máxima calificación en dicha oportunidad.
Pero bueno, ok, todo bien con lo dicho, mas finalmente ¿Qué es esto de la dichosa “Tormenta de Ideas”? La “Tormenta de Ideas”, también conocida como “brainstorming”, es una técnica de trabajo grupal que consiste en proponer ideas y asociaciones libremente a partir de un tema concreto, con el propósito de obtener perspectivas originales e ideas innovadoras. Esta definición implica dos premisas:
Se requiere un objetivo: esto es, no se puede hacer una "Tormenta de Ideas" en general. De hacerlo, la probabilidad de que te lleve a ninguna parte es alta. Cuanto más concreto sea el problema, mejor será la solución. Ojo.
Prima la cantidad: ciertamente, la calidad de las ideas que surjan de la “Tormenta de Ideas” son una derivada de la cantidad. En la “Tormenta de Ideas” toda idea es válida. No aplica la censura. Céntrate en pensar alternativas.
Por otro lado, y un aspecto importante es que, en una sesión de “Tormenta de Ideas”, el número de ideas puede variar dependiendo del grupo y del problema a resolver. Sin embargo, como mínimo, se ha de proponer que se produzcan entre 40 o 50 ideas para un grupo aproximado de 6 personas. Como bien indica la premisa, la “Tormenta de Ideas” se centra en la generación de una gran cantidad de ideas, independientemente de su viabilidad inicial. Ya en una etapa posterior, se seleccionarán ideas y se realizará un examen crítico y, por qué no, exhaustivo.
De hecho, como bien señala la frase atribuible a Alex Faickney Osborn, quien desarrolló esta técnica en el año 1939, “It is easier to tone down a wild idea than to think up a new one” o lo que es lo mismo, “Es más fácil ajustar una idea descabellada que pensar en una completamente nueva”.
En todo caso, si te vas a aventurar a usar o utilizar esta técnica te sugiero que pongas en práctica los siguientes cuatro tips para que tus sesiones de “Tormenta de Ideas” sean realmente productivas:
Empezar por una historia embarazosa: iniciar la conversación con algo que pueda resultar embarazoso “puede romper el hielo” y hacer que, casi de inmediato, el resto adopte un estado mental más vulnerable y abierto, lo cual hace que estén más dispuestos a compartir ideas.
Escritura de ideas: con ello, los miembros de la sesión comparten ideas poniéndolas por escrito de forma independiente en lugar de expresarlas en voz alta. Resulta especialmente útil si sabes que en tu equipo hay una cantidad considerable de personas introvertidas (como en mi caso).
Dar tiempo a que las ideas maduren: y es que, aunque el entusiasmo sea fuerte, tal vez no te interese poner en práctica una idea de inmediato. Hay estudios que demuestran que incluso una breve pausa puede darte tiempo para afianzar aún más una propuesta.
Figuring storming: que implica ponerte en la piel de la otra persona para pensar cómo podría gestionar la situación. Puede resultar eficaz porque nos reta a alejarnos de nuestros propios sesgos y percepciones. ¡Vamos! Es una extensión del ser empáticos.
Entonces, te invito a tener en cuenta mi experiencia. Toma en consideración las dos premisas y estos cuatro tips. Y si de manera posible o probable ya has participado en alguna sesión de “Tormenta de Ideas” esperaría que estés de acuerdo conmigo y si no lo estás pues que, al menos, empieces a percibirla como poco tormentosa.
La única tormenta que tendrás cuando enfrentes un problema será el no echar mano de una técnica que está ahí – a tu disposición. Lo firmo.
Comments