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Memorias en el Yo de la Ponciana

Actualizado: 21 ene

1997, César Bellido López. 60 páginas. 16 poemas.

 

Prólogo

 

Cuántos misterios puede guardar una sola palabra. Dependiendo de los escenarios, de la persona que la pronuncie, la intensidad, y si tienes la dicha de verla a los ojos, incluso puedes darte una idea de lo que hay detrás de dicha palabra. Ciertamente, será eso, una idea de lo que pueda significar. A lo dicho, han pasado ya cerca de 30 años desde que escuché “entiendo” como nunca antes la había escuchado. Más aún, ahora que lo recuerdo, mientras escribo este prólogo, me invade una sensación extraña, una especie de confusión, de flashes e incontables imágenes y pensamientos que me cuestan ordenarlos y, sin perjuicio de ello, sé que todos hacen referencia y me llevan a ese instante. Uno tras otro, y para atrás y como si fuera un árbol ramificado, indescifrable, incluso hasta para el ojo más entrenado. Y se trata de una sola palabra: “entiendo”.

 

Quiero creer que dicha palabra implicaba que efectivamente, si no todo, gran parte de lo que había dicho y hecho había sido descifrado y que quedaba una idea clara de las cosas, de lo que había sucedido. Veamos, un beso, una caricia, el hacer el amor, puede llevarte a parajes idealizados y de ensueño, pero también puede llevarte a instantáneas amargas y a momentos que no quieres recordar y que, incluso, luchas por enterrarlas. ¿No es así? Ahora bien ¿tú eliges? No lo sé, en realidad. Es decir, conforme pasa el tiempo y vas siendo más consecuente contigo mismo puede que sí, que sí elijas a dónde ir. A lo dulce, a lo agrio, a lo placentero o a lo doloroso. Pero hay momentos en los que, cuando menos lo esperas, estás en vuelo, es decir, te has ido. Simplemente, no estás.


Para dicho instante, el instante en el que escuché esa bendita palabra, tenía cerca de 21 años. Estaba bastante joven, y no era consciente de quién era o qué iba a ser de mi vida. Tenía una idea, sí, pero digamos que recorría y solo sabía que no importaba que camino tomaba, todos, absolutamente todos, me llevaban a casa, a la casa de mis padres. Era todo. Lo que viniera al día siguiente ¿a quién le importaba? Bueno, eso es muy facilista. Hoy tengo claridad respecto a que las cosas no necesariamente son así. Uno, mi casa, no es mi casa. Mi casa soy yo. Soy yo y mi circunstancia, lo que decido hacer, lo que decido pensar, lo que decido sentir, lo que decido ver, palpar, comer, gozar, sufrir, oler, respirar, y tantas otras acciones que decido realizar conscientemente. Dos, sí, le importo a alguien, me importo a mí, ante todo, si no me importo yo, dudo que a alguien más. Suelo ser lo que proyecto, suelo ser lo que hablo, lo que escribo, lo que opino. Tres, a pesar de, nunca estoy solo.

 

¿Y, a qué me lleva todo esto? ¿Te has fijado que muchas veces sucede que hay alguien más? Es decir, caminas y tu destino estará, quieras o no, ahí estará. Estás parado, y puedes escuchar voces, no sabrás ni de quién ni de qué pueden estar hablando, solo hablarán. Estás corriendo, y lo harás concentrado, en el mejor de los casos, en aquello que te pueda dar paz o en aquello que te permita seguir. Estás durmiendo, y el tiempo continúa, imperecedero, no para, y sin siquiera saberlo, vas acumulando -tu- vida. Pero, siempre, siempre, habrá alguien más. Un segundo, o un tercero. Alguien más, como en aquel momento en la que ella me dijo “entiendo”, esta vez una Ponciana, frondosa, verde, susurrante, que mirando cuasi absorta, posiblemente esperando, o no, a que tomara la decisión, de una vez por todas, de dejarla ir, de decirle adiós, de decirle eso es todo y que concluyó nuestra historia, simplemente: estaba.

 

¿De cuántas emociones y de cuántas palabras habrá sido testigo durante su existencia? ¿De cuántas, estando así: proba e intachable? Quizás solo ella sabría develar el misterio de la sola palabra. Tal vez, solo ella tendría todos los significados posibles descifrados. Quién sabe solo ella en su propio Yo.

 

Este poemario es una oda a una historia. Todos y cada uno de los poemas, retratan un instante de la historia de dos personajes que se amaron tanto y que, así como iniciaron, terminaron de la mejor forma que entendían que debía ser. Una historia vivida mas no contada con el favor de mis recuerdos, sino a través de las Memorias en el Yo de la Ponciana.


 

Memorias en el Yo de la Ponciana © 1997 by César Bellido López is licensed under Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International

 
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