¿Y... si emprendo?
- César Bellido López
- 10 may 2024
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 11 dic 2024

Casi como “jugando”, el año 2107 iniciamos con mi esposa un camino del cual rescatamos una interminable lista de lecciones aprendidas. ¡Vamos!, algunas como para henchir el pecho de tanto orgullo y otras como para rogar olvidarlas.
Emprendimos. Eso, por resumir.
A la definición, emprender es la osada acción de convertir una idea en una realidad tangible, una empresa o proyecto que aporte valor y, en el fin primario y en el mejor de los casos, genere beneficios económicos. El emprender, para mí, resultó un viaje apasionante, pero a la vez desafiante, lleno de aprendizajes y oportunidades de crecimiento personal y profesional que, a la vista de la distancia, estoy dispuesto a recorrer de nuevo. Pero, hay algo que me queda claro, no es para todos.
En todo caso, a consideración de las veces que me han consultado y preguntado por mi experiencia -sin ser “el ejemplo”- y conforme lo señale como una cuarta estrategia en ¿Buscar el sitio adecuado o esperar a que te encuentre? me lanzo a escribir esta reseña que, entiendo, si bien no será la única (o la más “acertada”) que encontrarás en la web, sí contendrá un toque de ese gustito familiar que, por lo general, queremos encontrar en alguna lectura.
Dicho ello, partamos.
¿Qué razones pueden existir para lanzarse a esta aventura?
Las motivaciones que impulsan a alguien a emprender son tan diversas como las personas que lo hacen. En mi caso, no cuento con dilatada experiencia familiar plausible. Chispazos, pundonor, ganas, necesidad, sí. De hecho, como para darle matiz a la respuesta, te comparto algunos alcances de ello. Allá por los inicios de los años 80, dos o tres veces por semana acompañaba a mi madre al remolque, apostado al frente de nuestra casa, que mi tía le había cedido (bueno, eso recuerdo) para ofrecer lo que en mi país de origen se conoce como “salchipapas”. Una combinación de papas y salchichas -ambas fritas- que, además de contundente, puede resultar en un manjar si son hechas con los ingredientes adecuados y por las manos apropiadas. Las variantes, hoy en día, son incontables: salchipollo, chanchipapas, salchiburguer, salchipapas royal, etcétera, mas lo que puede determinar la excelencia en cualquiera de ellas serán las salsas (mayonesa, mostaza, ají, kétchup, chimichurri, tártara, aceituna, ufff y paro de contar). Mi madre, cuando “el cuerpo le daba”, se disponía a pelar las papas, a preparar las salsas (sí, a prepararlas) y a realizar una larga lista de actividades previas antes de abrir el remolque. Con mucho orgullo, mas muy a mi pesar -ya que siempre hubiera preferido quedarme en casa leyendo-, iniciábamos la faena a eso de las 19:30 horas -ya que ella llegaba de su trabajo de oficina cerca de las 18:00 horas- y con suerte concluíamos a las 23:00 horas. No era mucho, pero sí suficiente como para recordarlo hasta ahora. ¿Qué buscaba? Pues, dinero extra, qué más ¿no? ¿Qué más puede buscar una persona de un emprendimiento? ¡Ay! En fin, hoy sé que hay muchas cosas más. Y aquí va mi lista de motivos:
Ser nuestro propio jefe: disfrutar de la autonomía y libertad de tomar decisiones, establecer tus propios horarios y crear un entorno de trabajo acorde a tus valores y filosofía.
Pasión por una idea: convertir en realidad un proyecto que te apasiona y en el que crees firmemente, aportando valor y satisfaciendo una necesidad -previamente cubierta, o no- del mercado.
Realización personal: sentirte realizado al construir algo propio, desde cero, y observar el impacto positivo que genera en la vida del resto y en la sociedad en general.
Flexibilidad: adaptar el estilo de vida y trabajo a las propias necesidades y preferencias, conciliando lo mejor de la vida personal y de la “profesional”.
Y, ¡claro!
Posibilidad de generar ingresos: esto es, alcanzar la independencia financiera y obtener beneficios económicos que superen los de un trabajo tradicional, aunque esto no siempre es inmediato ni garantizado. Como lo fue en mi caso.
Y es que, el emprender ofrece recompensas únicas, como:
Satisfacción personal: la inmensa alegría de ver una idea hecha realidad y el orgullo de haber construido algo propio con esfuerzo y dedicación, no tiene precio.
Aprendizaje continuo: ya que, si eres uno de los que le apetece el proceso constante de crecimiento personal y profesional, enfrentando retos y adquiriendo nuevas habilidades en diversos ámbitos, ésta es.
Libertad: aunque aquí puede armarse la polémica, la libertad de organizar el propio tiempo y trabajo de acuerdo a las necesidades y prioridades, disfrutando de mayor autonomía, pues así te “rajes”, el emprender te lo da.
Orgullo: la posibilidad de generar un cambio positivo en el mundo, aportando soluciones a problemas o satisfaciendo necesidades de la sociedad, en general, te toca. Al menos alguna vez en el camino al emprender.
Ingresos con máximos potenciales: con el mismo tiempo, esfuerzo y dedicación que le pones al trabajo tradicional, cualquiera sea el que te imagines, puedes superar el mejor sueldo.
Y, hasta aquí, parece que hay mucho más de las buenas -razones- que de las malas ¿no es así? Mas emprender no es un camino de rosas. Hay realidades a considerar. Como te decía al comienzo, si partimos del principio de que no es para todos, pues, será sencillo encontrar también desventajas y restricciones. Muchas y muchas. Así que, será importante también el ser consciente de las dificultades que se pueden encontrar:
Incertidumbre: el camino del emprendedor está plagado de incertidumbre, con altibajos y momentos de riesgo que requieren gran capacidad de adaptación y, sobre todo, resiliencia.
Falta de estabilidad: los ingresos no siempre son predecibles y pueden ser inestables durante los primeros años (no estoy hablando de una startup, por si acaso, y así lo fuera), lo que exige una buena gestión financiera y capacidad de ahorro.
Dedicación y esfuerzo: emprender requiere una gran inversión de tiempo, energía y esfuerzo personal, trabajando muchas horas y sacrificando tiempo libre.
Riesgo de fracaso: no todos los emprendimientos tienen éxito, y existe la posibilidad de perder la inversión y enfrentar el fracaso, lo que requiere una actitud positiva y la capacidad de aprender de los errores.
Dificultades para acceder a financiación: si no tienes capital inicial, obtener financiación puede ser un obstáculo importante, especialmente en las primeras etapas del proyecto y más aún si no cuentas con aval o garantías.
Entonces ¿qué sí hay que hacer?
A ver, si estás decidido a emprender, no hay receta mágica, hay algunos pasos clave -que sí he podido observar y experimentar y- que te pueden ayudar a aumentar tus posibilidades de éxito:
Define tu idea: ten una idea clara y bien definida, qué problema resuelves, cuál es el valor que ofreces y quiénes representan tu público objetivo.
Investiga el mercado: realiza un estudio de mercado -de ser exhaustivo, muchísimo mejor- para comprender las tendencias, la competencia y las necesidades de tus potenciales clientes.
Elabora un plan de negocio: define una estrategia clara que detalle cómo vas a llevar a cabo tu idea, incluyendo aspectos financieros, operativos y de marketing. Si tienes conocimientos de éstos, explótalos.
Busca financiación: explora diferentes opciones de financiación, ahorros personales, préstamos, subvenciones o inversión con amigos o terceros.
Rodéate de un buen equipo: encuentra personas con talento y experiencia que complementen tus habilidades y, sobre todo, que compartan tu visión.
Sé flexible y adaptable: el mercado y las circunstancias cambian constantemente, por lo que debes estar preparado para adaptarte y reacomodar tu estrategia de ser necesario.
No te rindas: el camino del emprendedor está lleno de desafíos, tantos que no los podrás cuantificar ni en sueños, pero la perseverancia y la pasión son claves para hacerle frente a los obstáculos, superarlos, y alcanzar el éxito -que lo defines tú, dicho sea de paso-.
Y, aunque parezca una obviedad, pregúntate ¿qué no hay que hacer?, cuestiónate. Como te digo, no soy el reflejo de un emprendedor exitoso a todas luces, de hecho, no me importa tanto el serlo o que me cataloguen como tal, pero si algo quiero que te lleves finalmente es el hecho que puedas evitar algunos o todos de los siguientes errores comunes (...si me lo hubieran dicho así de clarito...), ya que te ayudarán a aumentar tus posibilidades de éxito:
No tener una idea concreta: lanzarse a un negocio sin una idea bien definida y un plan sólido es una receta para el fracaso.
Meterte en lo que no conoces: si lo haces, por lo menos rodéate con quien sí.
Ignorar el mercado: jamás. Jamás. Y, eso, es más complejo de lo que parece.
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